Los preparativos para la cumbre de dos días del presidente estadounidense Donald Trump con su homólogo chino, Xi Jinping, reflejaron el supuesto predominante dentro de su administración de que China puede ser tratada como otra potencia en ascenso dispuesta a negociar acuerdos pragmáticos con la hegemonía global establecida. Pero la China de Xi representa algo completamente diferente: un país casi totalitario con una estrategia clara y ambiciosa para superar a Estados Unidos y remodelar el orden global. Guiada por el "Sueño Chino" de rejuvenecimiento nacional de Xi, la República Popular no busca simplemente crear un mundo bipolar o ponerse en los zapatos de Estados Unidos. Tampoco aspira a heredar las cargas y obligaciones que acompañaron a la primacía estadounidense. En cambio, como argumentamos Olivia Cheung y yo en nuestro próximo libro China’s Global Strategy Under Xi Jinping, China busca la preeminencia global bajo sus propios términos, remodelando el orden internacional de manera que refleje su propio sistema político, valores e intereses. Si bien China reconoce la importancia de su relación bilateral con los EE. UU., su estrategia global no se centra en ella. Más bien, está guiada por el Pensamiento de Xi Jinping y se implementa bajo la dirección del Partido Comunista de China (PCCh).