La cumbre largamente esperada entre China y EE.UU. arrancó este jueves en Pekín, con aparente sintonía entre los presidentes Xi Jinping y Donald Trump. A pesar del foco comercial, la sombra de Irán y de Taiwán planea sobre el encuentro desde el principio. Xi, de hecho, señaló que la cuestión de Taiwán es la más importante en la relación entre China y EE.UU.: “Esta será estable si se maneja bien, de lo contrario habrá choques y hasta conflictos, que supondrán un gran peligro”.El presidente chino se refirió al mantenimiento de la paz en el estrecho de Taiwán como “el común denominador” entre China y EE.UU. Para advertir a renglón seguido que “la independencia de Taiwán y la paz en el estrecho son tan irreconciliables como el agua y el fuego”. Sin embargo, según Xi, EE.UU. y China pueden optar “por ser socio en vez de rivales”. “Cuando cooperamos, ambas partes nos beneficiamos; cuando nos enfrentamos, ambos sufrimos las consecuencias”.Xi Jinping recibió a Donald Trump en la escalinata del Gran Palacio del Pueblo, donde se desarrolla su reunión matinal de este juevesMark Schiefelbein / Ap-LaPresseEn este sentido, ha destacado que el trabajo preparatorio de sus respectivos equipos económicos, esta semana en Corea del Sur, habría alcanzado “un resultado positivo y equilibrado”. Música para los mercados y música para los oídos de Trump, que necesita regresar a Washington con algo sólido. Este, en tanto que invitado, ha sido mucho más comedido y generoso en sus palabras que Xi, tras ser recibido en la escalinata del Gran Palacio del Pueblo. “Es usted un gran líder y siento un gran respeto por China y por el trabajo que ha hecho”.Donald Trump también ha subrayado que la relación entre ambos, además de “fantástica”, es “la más larga de la historia entre presidentes de nuestros respectivos países”.Más allá del comercioXi ha advertido sibilinamente que la independencia de Taiwán sería la guerraEl mandatario estadounidense descendió la escalerilla del Air Force One el miércoles por la noche seguido de su hijo Eric Trump y su nuera Lara, además de los mandamases de Tesla y Nvidia, Elon Musk y Jensen Huang. Familia y negocios. También le acompaña Tim Cook, de Apple, y “otros treinta números uno, porque por respeto no aceptaba traerle números dos, ni tres”, ha explicado ante Xi Jinping. “Es la mejor delegación empresarial y espera hacer negocios... veremos si es recíproco”, ha dejado caer Trump. Flanqueando al presidente estadounidense, en la imponente mesa de reuniones, las caras más largas eran las del belicoso secretario de la Guerra, Pete Hegseth, y la del acendrado anticomunista Marco Rubio. Pekín ha hecho la vista gorda sobre la prohibición de entrada en China que pesa sobre el secretario de Estado. En vigor desde que, en sus tiempos de senador, Rubio abanderara una campaña para degradar las relaciones entre Occidente y China, a cuenta de la estricta política antiterrorista en Xinjiang.Donald Trump fue recibido el miércoles a pie de escalerilla por el vicepresidente Han Zheng, una figura protocolaria que no está entre los siete miembros del comité permanente del politburó, la sala de mandos de China. Detrás, Elon Musk (Tesla) y Jensen Huang (Nvidia), oligarcas tecnológicos. Alex Wong / GettySin embargo -diplomacia obliga- hoy no existía Tiananmén, mientras la comitiva estadounidense cruzaba Tiananmén. Ni existía campo de concentración alguno, con un millón de uigures supuestamente dentro, cuando no esclavizados en campos de algodón. Tras la reunión matutina, que ha concluido tras dos horas y cuarto, ambos mandatarios han visitado el Templo del Cielo, ombligo cósmico de Pekín y -para los antiguos chinos- del orden imperial, cuando no universal. Más tarde, en el banquete de Estado -langosta, costillas de ternera y el inevitable pato de Pekín- Donald Trump no solo invitó a su anfitrión a la Casa Blanca (el 24 de septiembre), sino que, excepcionalmente, tomo un sorbo de vino con el brindis. Este viernes habrá una nueva reunión y un cara a cara menos comprometido para el presidente abstemio, frente a una taza de té. “Tal vez sea la mayor cumbre de la historia y en EE.UU. no se habla de otra cosa”, ha concluido Donald Trump. En realidad, su formato es más reducido que el que de su visita en 2017. Aquella duró un día más, pese a que los problemas sobre la mesa -muchos de ellos, fruto de sus propias decisiones- son ahora más intratables. El mayor de ellos es la frágil tregua con Irán, estrecho aliado de China. Pese a que la sombra de la guerra planea sobre la cumbre, esta ni siquiera ha sido mencionada en público, como la soga en casa del ahorcado. Sí a puerta cerrada, junto a los dossieres de Ucrania y Corea, en un diálogo considerado “constructivo” por Marco Rubio.Xi Jinping ha acompañado este jueves al mediodía a Donald Trump al Templo del Cielo, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco.China Pool / GettyLa escenografía de Trump da la impresión de que ha ido a China solo a hacer negocios. En realidad, EE.UU. también busca activamente la mediación de Pekín para salir indemne del estrecho de Ormuz. Para alivio de Washington, China está casi tan interesada como cualquiera de sus vecinos asiáticos en que los hidrocarburos vuelvan a surcar los mares con tranquilidad. Para su pesar, Trump ha aterrizado en China con una relación de fuerzas más desfavorable que la que se encontró hace nueve años -en la última visita de un presidente de EE.UU. a Pekín- y sin haber podido doblegar a la República Islámica de Irán. Un asunto que va más allá de la componendas sobre aranceles, chips, tierras raras, soja, ternera y aviones comerciales. La política en mayúsculas se paga con política, no con mercancías. De ahí que en Taiwán, tanto el gobierno como la oposición, presten la máxima atención a ese “futuro fantástico” que Donald Trump dibuja para estadounidenses y chinos.De su firma depende un nuevo paquete de armamento estadounidense para Taiwán, por un valor de 13.000 millones de dólares. Pero esa firma -ahora mismo- debe esperar. EncrucijadaCómo evitar la trampa de TucídidesXi Jinping repitió este jueves una de sus ideas favoritas. “Cambios no vistos en un siglo se están acelerando y la situación internacional es fluida y turbulenta. El mundo vuelve a estar en una encrucijada”. El secretario general del Partido Comunista de China no rehuyó el lugar común según el cual, desde los tiempos de Esparta y Atenas, una potencia hegemónica está condenada a ir a la guerra para frenar a una potencia en ascenso. “¿Pueden EE.UU. y China eludir la trampa de Tucídides y crear un nuevo paradigma de relaciones entre grandes potencias?”, se preguntó Xi ante Trump, al que invitó a trabajar conjuntamente para abrir “una nueva etapa en beneficio mutuo”.Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.
Trump y Xi Jinping: arranca la cumbre con muchos intereses en juego
El presidente de EE.UU. vuelve a Pekín nueve años después con menos ases bajo la manga










