Un método no farmacológico, tan eficaz como los tratamientos convencionales y exento de efectos adversos asociados a los medicamentos, mantiene un lugar secundario en la lucha contra la ansiedad y la depresión.

El ejercicio físico ofrece beneficios equiparables a la psicoterapia y los antidepresivos, pero persiste como opción marginal en las recomendaciones clínicas, en un contexto donde los trastornos mentales presentan tasas de crecimiento sostenido en la última década, según un artículo de Raúl Fabero Garrido e Ibai López de Uralde Villanueva, investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, publicado en el sitio de divulgación académica The Conversation.

La depresión y la ansiedad suman más de 330 millones de personas afectadas a nivel mundial, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud.

La respuesta institucional, sin embargo, se mantiene enfocada en los antidepresivos y la terapia cognitivo-conductual, mientras el ejercicio físico queda reducido a una intervención secundaria y difícil de implementar en la práctica.

Un estudio reciente publicado en la revista médica británica British Journal of Sports Medicine (BJSM) consolida la base empírica: la revisión abarcó 63 trabajos científicos que agruparon 81 metaanálisis, más de 1.000 investigaciones individuales e involucró a cerca de 80.000 participantes de todas las franjas etarias.