Esta zona del planeta, hasta hace poco invisibilizada, acapara hoy las grandes bienales de arte y se consolida como concepto de investigación y reivindicación

Una línea circunda el mundo a una latitud aproximada de 30 grados al norte de México: baja, sube, titubea, separando el mundo por criterios económicos. En Asia, asciende y luego cae para dejar fuera del sur a Japón, Australia y Nueva Zelanda. El mapamundi dividido por la denominada línea Brandt formaba parte del informe Norte-Sur: un programa para la supervivencia, de la Unesco de 1980, coordinado por el entonces canciller alemán Willy Brandt. La línea desdibujaba el mundo de la Guerra Fría. Difuminaba incluso al Movimiento de Países No Alineados nacido tras la cumbre de Belgrado de 1961, impulsado por Yugoslavia, India, Egipto, Indonesia y Ghana, para distanciarse de los dos lados del telón de acero.

El lado sur de la línea Brandt, sin Corea del Sur e Israel, conforma la definición más actualizada del sur global, un término que está sustituyendo al “tercer mundo” o a los “países subdesarrollados”. En el arte, el sur global es el nuevo hype. Usado por primera vez por el estadounidense Carl Oglesby en 1969 para criticar el “intolerable orden social” impuesto por los países del norte, en los últimos tiempos el sur global cristaliza en algo nuevo. Acapara las grandes bienales de arte: la casi totalidad de sus comisarios tienen orígenes surglobalistas. La mayoría de sus artistas, también. La Bienal de Venecia, que arrancó el pasado 9 de mayo, ha contado como comisaria con la camerunesa Koyo Kouoh (que falleció hace un año). De los 111 artistas, 62 nacieron en el sur global (y otros tienen sus orígenes en él).