La Fórmula 1 es, nadie lo duda, una vidriera desde la que se proyectan todo tipo de historias: productos, servicios y, por supuesto, personalidades ven exaltadas sus virtudes gracias a la infinita difusión global que ha alcanzado esta especialidad; todo lo que pasa por la máxima categoría del automovilismo mundial logra repercusión a nivel “interplanetario”.
Y en el caso de los pilotos, si además de talento tienen carisma, pues el resultado no puede ser otro que exitoso.
Franco Colapinto se mueve en ese pequeño universo en el que sólo 22 jóvenes sacuden la pasión de millones de espectadores de todas las edades entre los que los argentinos se cuentan por legiones, una característica seguramente envidiada por cualquier político principiante o reincidente...
Efectivamente, la popularidad del Franco es tal que el Road Show fue más que una demostración de destreza al volante, una muestra de cariño y del apoyo que el público local tiene para con el piloto oriundo de Pilar.
No sería descabellado asegurar que Franco Colapinto mueve más hinchada que la que supo cautivar el gran Carlos Alberto Reutemann, que participó en la categoría durante diez años (entre 1972 y 1982) obteniendo el subcampeonato de 1981.






