—La Revolución Cubana del 59, que fue un acontecimiento político, probablemente, el más disruptivo de América Latina del siglo XX y que fue liderado por abogados de clase media, no obreros ni campesinos, que triunfó en un país que no era el más pobre ni el más desigual de América Latina, y sin embargo, produjo el experimento socialista más duradero del hemisferio occidental. Me gustaría que primero nos introdujera en esta paradoja de lo que sucedió en Cuba en el año 1959. —Es un proceso que los contemporáneos mismos encontraron muy difícil de explicar cuando fueron testigos de lo que estaba pasando en Cuba. Me gusta mucho una cita de un observador americano, que en los años 50, cuando le preguntaron lo que estaba pasando en Cuba, respondió: “Esta revolución nace del corazón, no nace del estómago”. Cuba era un país que no era pobre, era un país con unos indicadores de bienestar social realmente altos dentro del contexto de América Latina. Y la generación, el grupo de gente más bien joven que lidera ese movimiento, lo hace con un ansia democrática que era un ansia frustrada después del experimento constitucional de los años 40. Y es por ahí que hay que entender el proceso revolucionario cubano, aunque hay también indicadores de desigualdad e indicadores estructurales que pueden ayudar a explicar ese proceso. “En la Cuba de principios de los 90 quedaban reservas de legitimidad que ya no existen hoy.”
Alejandro de la Fuente: “Cuba termina siendo exactamente lo que no quiso ser en la Revolución de los 60”
El historiador nacido en Cuba y director del Programa de Cuba en el Centro Rockefeller de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard es una de las voces más agudas para pensar la crisis de ese país. Sostiene que la isla atraviesa no solo un colapso económico, sino, además, una crisis de nación. En esta entrevista analiza cómo la Revolución terminó reproduciendo dependencias que buscaba superar, por qué el modelo cubano agotó sus reservas de legitimidad, el papel del éxodo masivo y la fractura generacional, las oportunidades perdidas con Barack Obama, el uso del conflicto con Estados Unidos como fuente de legitimación y los dilemas de una eventual transición democrática capaz de reconstruir el Estado social cubano.






