Algunos se preguntan qué país hubiese sido Cuba hoy de no frenarse las negociaciones que Obama comenzó en 2014
Cuando hace unas semanas el secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que más que libertad o democracia, el problema fundamental de Cuba era su economía, Andy Gómez, el ex director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, no dio crédito a lo que estaba oyendo. “Me dije: no, no puedo creer que este hombre haya dicho esto”. Hace más de diez años, Gómez fue reclutado, junto a otros académicos y diplomáticos, por la Brookings Institution, un destacado think tank con sede en Washington que entonces ayudó a moldear la propuesta de una política entre Estados Unidos y Cuba. El engagement, o la política de acercamiento, del expresidente Barack Obama, que fue altamente criticada tanto por Donald Trump como por Rubio, apostó por una apertura económica en la isla. Por eso ahora a Gómez le resultaba inconcebible pensar que la administración republicana, la misma que puso freno al acercamiento con La Habana, estuviese hablando en esos términos. ¿Estaba el Gobierno de Trump, contra todo pronóstico, retomando parte del modelo Obama?
Manuel Cuesta Morúa, el presidente del Consejo para la Transición en Cuba, quien en 2016 se reunió con Obama y otros disidentes políticos en la sede de la embajada de Estados Unidos en La Habana, se ha puesto a pensar qué clase de país sería Cuba hoy si no se hubiese interrumpido la relación que empezó con Estados Unidos hace 12 años. “Estaríamos más cerca de la transición democrática de lo que estamos ahora mismo”, dice desde la capital cubana. Pero a Morúa, sin embargo, no le sorprende este giro en el discurso tanto de Trump como de Rubio. “No han hecho más que recuperar el consenso estadounidense a lo largo de todo el espectro político”.








