Hoy celebramos más que nunca, para que nos duren siempre, tus fuertes convicciones de progreso, resumidas en la clásica tríada de libertad-igualdad-fraternidad, aunque actualizada
Hasta luego por tiempo, inasequible cómplice de periodistas soñadores, y empeñados en que fermenten los sueños colectivos. Hasta luego, profesora en generosidad y exigencia, que regalas ese olfato tuyo, adelantado al nuestro, fraguado en tu condición orgullosa y comprometida de mujer abanderada de la condición de mujer. Hasta siempre, mujer-ciudadana....
Aunque tozuda te vas, seguiremos hablando en presente, Sol Gallego. Para explicar a todos cómo has forjado la leyenda de sencilla y grandiosa maestra: en el cómo del periodismo, en sus reglas, en su contrato moral con los lectores. Lo único definitivo.
Hace poco, hemos tenido ocasión de subrayarte, al enarbolar tu premio en ética periodística, certificado por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España. Desde mucho antes, te doctoraste en esa disciplina, porque te consultamos como definitiva piedra de toque de sensatez y rigor. ¿Quién no ha reconocido esa capacidad de fabricar soluciones evidentes a los problemas enrevesados?
Contigo en posición de timonel, ocuparas formalmente la que ocuparas, hemos construido un falansterio espiritual utópico: trabado sobre el estupendo y asediado oficio de periodista, compartiendo una mirada crítica al mundo y desplegando siempre una nunca desmayada pasión por la vida y la gente.






