En apenas dos días de campaña electoral andaluza, las diferencias de planteamiento de PP y PSOE para llegar a los 6,8 millones de votantes en las elecciones del próximo 17 de mayo son tan notables como clásicas. El Primero de Mayo, la candidata socialista, María Jesús Montero, se colocó detrás de la pancarta de CC OO y UGT en la manifestación central en Málaga, en el arranque de la campaña. Montero iba envuelta entre el gentío, con ruido de batucada y gritos en favor de los servicios públicos. El candidato del PP a la reelección como presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, prefirió para esa jornada reunirse en un acto pequeño, coqueto y tranquilo con los empresarios en un “diálogo estratégico”, donde prometió una consejería de inteligencia artificial.Ese mismo día, el PSOE celebró por anticipado el 147º aniversario de la fundación del partido y Moreno, su 56º cumpleaños. El presidente es desde hace mucho tiempo un gran coleccionista de fotos, tiene discos duros externos repletos. Ese día se fotografió hasta con tres tartas (que parecían de chocolate, de trufas y de nata) y en una de ellas vestido con una camiseta con el rostro de Lola Flores, a la que nombró hija predilecta de Andalucía en 2023 a título póstumo. Su campaña la basa “en una conversación afectiva con los andaluces” y esa charla se proyecta en centenares de imágenes: con perros en centros de acogida, en procesiones y romerías, en ferias, en carreras infantiles.,, Habrá más. No se descarta incluso una actuación musical.Otra diferencia son los acompañantes de los candidatos. Moreno no quiere a forasteros del PP en su campaña, ni siquiera al líder nacional, Alberto Núñez Feijóo, que participa hasta el momento en solitario con los cabezas de lista provinciales y cuando alguien le dice que va a votar a Moreno se queda sin palabras y da las gracias a su manera: “Ole, ole y ole”, ha contado Feijóo que dice. “No queremos a nadie de fuera, salvo los que sean de aquí”, afirman tajantes en el equipo del presidente andaluz. Con los de aquí se refieren a Elías Bendodo y Juan Bravo, miembros de la dirección nacional y diputados en el Congreso. Esa decisión no se debe a un golpe de soberbia, ni de ir sobrados, sino a experiencias pasadas.Además de las meteduras de pata de dirigentes populares en anteriores campañas —el insuperable “los niños andaluces son prácticamente analfabetos” de Ana Mato, exjefa de Moreno, compite en el top 1 con el “Andalucía es como Etiopía”, de Rafael Hernando— están los choques de discurso. En 2018, cuando nadie apostaba por Moreno, hubo hasta tres caravanas del PP (los de los entonces máximos dirigentes Pablo Casado y Teodoro García Egea y la del aspirante) y colisionaron en el discurso sobre inmigración. Eso se corrigió en 2022, cuando el PP logró la mayoría absoluta, y se mantiene.La socialista, por el contrario, quiere cuanto más apoyo externo, mejor. Sobre todo, el del presidente del Gobierno. También el de José Luis Rodríguez Zapatero. Pedro Sánchez llena los recintos a los que acude, y aseguran en las direcciones provinciales que no se acercan solo los militantes, perciben que hay un público que no viene de las Casas del Pueblo. Hay “curiosidad”, aseguran, en ver a un Sánchez con un aura diferente a raíz de su oposición a las políticas de Donald Trump y al genocidio de Gaza. ¿Eso se va a traducir en apoyo en las autonómicas?, ¿los que apoyan a Sánchez para las generales van a respaldar a su candidata? Hay un dato muy llamativo en la encuesta reciente del CIS con una muestra de 8.000 entrevistas, la más grande hecha nunca en Andalucía: la intención de voto (sin cocina) a Sánchez en las generales es del 28,7% y a Montero en las andaluzas, del 22,1%. Nadie tiene una respuesta, pero a ese nicho —alrededor de medio millón de votantes— está dirigida toda la campaña socialista. El propio Sánchez reconoció el viernes esta situación, de ahí que se dirigiera a los abstencionistas porque necesita “aliados institucionales” para desplegar sus políticas en todo el territorio.“El PSOE está haciendo una campaña de sota, caballo y rey apoyándose en la marca”, afirma Paco Camas, director del instituto de opinión pública Ipsos. “Tiene debilidad en su liderazgo. Y a Moreno le pasa todo lo contrario. El PSOE busca la movilización y el PP está haciendo una campaña muy individualista, personalista, coherente con lo que les funciona”. “Montero necesita arrope, envolver la candidatura en un colectivo, porque viene del Gobierno y de la parte de arriba y eso condiciona mucho”, añade. “Hay mucho electorado socialista que no ve mal la situación en Andalucía”, asegura Camas, quien destaca que el PSOE lo apueste todo a la defensa de la sanidad pública “como principal asunto a diferencia del resto”.En el PP –que tienen un trajín considerable analizando todos los días dónde van a caer los últimos ocho escaños— no albergan dudas de que la única incógnita a despejar es si Moreno gobierna solo o acompañado y que la disyuntiva que plantea la izquierda en su conjunto acerca de los servicios públicos “no va a calar”. El PP está desplegando, por ahora, una campaña plana, que pasa por evitar errores, y desideologizada. En este sentido, afronta el debate a cinco del próximo lunes en RTVE sin correr riesgos y pertrechados con el argumento del supuesto maltrato y el agravio a Andalucía. En el PP creen que será un debate de cuatro candidatos —Montero (PSOE), Manuel Gavira (Vox), Antonio Maíllo (Por Andalucía) y José Ignacio García (Adelante Andalucía)— contra uno.Aunque los socialistas han empezado a apelar a la épica de la remontada —como hicieron Sánchez, Zapatero y el secretario del PSOE de Málaga, Josele Aguilar—, Camas responde con un rotundo “no” sobre la posibilidad de dar la vuelta a las encuestas: “Hay que pensar no solo en el PP, sino en el bloque de toda la derecha con un 60%. No hay pulsión de cambio, sino de clima de continuidad y para romper eso tendría que producirse un evento extraordinario”. También aconseja a las izquierdas “que piensen en el día después con vistas a las siguientes elecciones”. El “día después” en el PSOE —que medirá la magnitud de la posible derrota— se ha convertido casi en una pregunta de saludo. Lo saben en la dirección regional que pilota Montero, donde han recibido quejas por el diseño de la campaña. “Hemos empezado tarde y eso es responsabilidad de la ejecutiva regional donde todo llega tarde”, asegura un dirigente provincial.