Casi siete millones de andaluces decidirán este domingo si vuelven a darle las manos libres a Juanma Moreno para seguir gobernando la comunidad más poblada del país o si le ponen obstáculos en el camino. Es el consenso de las encuestas y también la tesis más habitual entre los partidos que concurren a los comicios de este 17 de mayo, aunque en la izquierda no dejan de apelar a la posibilidad de un vuelco que parece imposible. También forma parte del consenso que el resultado final se decidirá por unos pocos miles de votos en la pelea por los restos en las ocho circunscripciones que conforman el mapa electoral andaluz, lo que añade unas altas dosis de incertidumbre a la noche electoral: lo más probable es que el desenlace no se conozca hasta que el escrutinio esté muy avanzado. Los trackings, esos pequeños sondeos que los partidos manejan para conocer los movimientos demoscópicos diarios, colocan al PP ampliamente por encima de los 50 escaños. Son los que logró Javier Arenas en 2012, cuando el patriarca de la derecha andaluza ya se veía como inquilino de San Telmo. Su sucesor —tras el paréntesis de Juan Ignacio Zoido— fue quien logró la hazaña. Primero, con el peor resultado histórico de los populares en Andalucía, pero con una aritmética que hizo posible el desalojo del PSOE de la Junta tras 37 años. Y después con una mayoría absoluta histórica, los 58 diputados que el barón popular lleva tatuados en la muñeca junto a una A de Andalucía. Moreno se ha aplicado a fondo en la campaña, pero en ninguno de los actos que ha protagonizado desde la tarde del 30 de abril ha pronunciado la palabra tabú. Mayoría de estabilidad, mayoría de seguridad, mayoría suficiente, pero nunca absoluta. Lo que está claro es que la victoria de los populares, la tercera en su historia en Andalucía, será una realidad a eso de las 22:00 de esta noche. La duda está en cómo de amplia será y en si permitirá al político malagueño seguir profundizando en su labor de convertir al PP en el partido hegemónico de Andalucía. El equipo de Moreno ya decía en noviembre, en el contexto del congreso regional del PP-A, que su adversario era Vox, no el PSOE. Era una forma de desmoralizar a los socialistas, que siguen sin dar con la tecla para hacer oposición al malagueño. Y también el camino para crear el marco mental de que el partido de Santiago Abascal era la principal amenaza para conservar la mayoría absoluta. La formación ultra se quedó compuesta y sin novio en 2022, con un alza moderada pero sin capacidad de influencia por la absoluta de los populares. Y eso es lo que quieren cambiar cuatro años después. Vox ha hecho una llamada a la calma a los suyos para evitar la frustración de las altas expectativas. Las encuestas ven un crecimiento con Manuel Gavira como candidato, pero, en voz baja, Bambú admite que podrían quedarse con los 14 escaños que tienen ahora en el viejo Hospital de las Cinco Llagas. El esfuerzo de Abascal también ha sido llamativo en estas dos semanas, con prácticamente dos actos diarios, algunos de los cuales se han visto un poco desangelados. No existe la euforia de otros comicios, pero podría pasarles justo lo contrario, que un magro resultado les dé opciones de obligar a Moreno a negociar con ellos. Eso es justo lo que el presidente de la Junta no quiere. Y lo dice cada vez que tiene ocasión. No le gusta que "un señor de Madrid que no conoce a Andalucía" decida sobre las negociaciones que serán obligatorias si Moreno no logra su objetivo. La posibilidad de que Vox se abstenga si el PP se queda a un par de escaños de la absoluta no parece posible por la actitud que ha demostrado Abascal y por los antecedentes de Extremadura. El fantasma de la repetición de elecciones se asomaría a la comunidad más poblada del país. Un PSOE desfondado La incertidumbre sobre si Moreno será capaz o no de repetir la absoluta podría haber dado oxígeno al PSOE, pero no ha sido así. El mal momento de los socialistas les ha impedido recuperar el aliento y han interiorizado que su resultado el 17-M puede ser malo, al menos peor que el de hace cuatro años. La unanimidad que suscitaba María Jesús Montero, como la única candidata capaz de plantar cara a Moreno, se ha ido desvaneciendo. Antes de la convocatoria electoral, el debate sobre si debía dedicarse más a recorrer Andalucía ya estaba abierto. Se impuso la tesis de que su principal valor era ser vicepresidenta primera y ministra de Hacienda. Ya no se ve tan claro. Los esfuerzos del PP de presentarla como una candidata ajena a Andalucía, precisamente por aterrizar desde Madrid, sumados a la ausencia de una estrategia de oposición nítida en el Parlamento andaluz y a un diseño de campaña excesivamente clásico, han desatado las dudas de si la aristocracia orgánica del socialismo acertó al pedir a Sánchez que fuera cabeza de cartel o debieron apostar por un liderazgo a futuro. Esta discusión recorre el PSOE desde el sacrificio de Pilar Alegría en Aragón y pone en cuestión la estrategia del presidente con los ministros candidatos. La reflexión sobre si Diana Morant debe continuar en el Ejecutivo o dedicarse de lleno a la Comunidad Valenciana se ha abierto paso y, probablemente, el 17-M la azuzará más. Pero Ferraz se prepara para dar carpetazo cuanto antes a lo que suceda en Andalucía, más o menos malo, con la celebración de un Comité Federal el próximo 27 de junio, que enterrará este primer ciclo de elecciones y pondrá rumbo a las autonómicas y municipales de mayo de 2027 y las generales de julio. La campaña empezó plana y así se mantuvo hasta que se encanalló después de la muerte de dos guardias civiles en acto de servicio, persiguiendo a una narcolancha frente a Huelva. Montero, mientras hablaba del asunto en el segundo debate, aludió a los "accidentes laborales" y provocó un torbellino, con quejas del PP y Vox y de las asociaciones de guardias civiles. Al traspié de Montero le siguió una polémica por una llamada telefónica de la campaña que simulaba la voz de los teleoperadores del SAS y comenzaba con un "le llamo por su próxima cita médica". Después llegaron los carteles de propaganda negativa contra el PSOE en varias provincias y la gresca por la denuncia del PP de Sevilla contra una actuación de carnaval que fue abortada por el PP de Cádiz. La sanidad ha sido el eje de la campaña de Montero. El eje y casi el monotema. Moreno se ha zafado de las críticas por la gestión de los cribados y los socialistas se preguntan una y otra vez por qué el descontento por la sanidad no se traduce en una mejora suya en las encuestas. La respuesta la dio, en privado, un dirigente socialista a mitad de campaña: "Mientras Moreno Bonilla tenga esta buena valoración, va a ganar pongamos a quien pongamos". La duda es cómo impactará eso en el PSOE andaluz si, como todo apunta, Montero escarba en el suelo que marcó Juan Espadas, los 30 escaños de 2022. En el PP hay quien cree que Montero no se estrellará del todo y hay quien piensa que puede haber un voto oculto a los socialistas. Sobre todo porque las sensaciones que se encuentran en la calle distan de las que había en 2018 y 2022, según al menos una decena de fuentes consultadas en el PSOE. Pase lo que pase, nadie espera una salida rápida de la exministra de Hacienda, salvo hecatombe. Se da por hecho que será ella quien conduzca a la mayor federación socialista ante la cercanía de las municipales de 2027, aunque hay muchos que llevan semanas preparándose para el día después de este 17-M. Adelante, burbuja o realidad Andalucía llega al 17-M con el foco puesto en el daño que Adelanta Andalucía puede hacer al PSOE y, de manera indirecta, a Juanma Moreno. El tirón que José Ignacio García evidenció en los debates electorales tiene su correlato en los sondeos que manejan populares y socialistas. Adelante puede ser la mayor sorpresa del domingo y pasar de dos a seis diputados, aunque hay encuestas que le dan más y la posibilidad de entrar en todas las provincias, salvo Jaén. Una subida, a costa del voto socialista o de los hijos de quienes siempre han votado socialista, pero que también puede poner en apuros al PP. La posibilidad de repetir la mayoría absoluta depende fundamentalmente de los últimos escaños de cada provincia que en 2022 beneficiaron al PP. El empuje de la formación que fundó Teresa Rodríguez pone en riesgo que caigan de nuevo en la saca de Moreno. La noche del 17-M, los diputados que obtenga Adelante pueden ser claves para analizar el mapa final. El papel de Por Andalucía también es relevante en esta competición entre las formaciones que se presentaron de la mano en 2018 gracias a la sintonía entre la gaditana y el hoy candidato Antonio Maíllo. Aquello acabó en un sonorísimo divorcio que todavía tiene sus consecuencias. El candidato de la coalición de izquierdas, a la que se sumó Podemos a última hora, ha centrado su campaña en las propuestas y en sacar pecho por esa unidad. Y también en dejar claro que Por Andalucía es la izquierda que apuesta por "remangarse". Es decir, que cree que es mejor operar desde el gobierno que con acuerdos parlamentarios. La sensación en los actos de Maíllo es muy positiva y la capilaridad de IU en el terreno es un valor que nunca debe despreciarse. Tienen 1.000 concejales frente a menos de 20 de la formación andalucista. Pero la sensación es que la sorpresa la dará Adelante. La situación no se antoja muy distinta de la que hubo en 2015, cuando Maíllo se presentó por primera vez como candidato. Entonces, el hoy líder federal de IU mantuvo 5 escaños ante el arreón de Podemos, liderado entonces precisamente por Teresa Rodríguez. Hoy no parece probable que la formación andalucista que fundó la gaditana, cuyo germen está en Anticapitalistas, pueda alcanzar el éxito de los morados en plena ola del 15-M. "Los actos y los repartos van bien", apuntan fuentes de Por Andalucía. En Adelante insisten en que no hay competición, que ellos ensanchan el espacio y pueden sacar a progresistas de la abstención. Pero todas las cábalas se acabarán en un rato.
Moreno busca otra absoluta frente al vértigo de Montero y Sánchez por evitar el suelo del PSOE
Los populares insisten en la prudencia, pero dicen en voz baja que están cerca de los 55 escaños tras una campaña hiperactiva. El PSOE llega al 17-M con posibilidad real de escarbar aún más en su suelo histórico en lo que fue su bastión














