Molly Rogers ha usado desde ‘looks’ desde alta costura a prendas de segunda mano para crear el vestuario de la película
En una escena al principio de El diablo viste de Prada, estrenada exactamente hace 20 años, Andy (Anne Hathaway) soltaba una risita al escuchar a su jefa Miranda (Meryl Streep) dudar sobre qué cinturón usar en un look. Para Andy aquell...
os cinturones eran exactamente iguales, para Miranda esa mofa era la excusa para poder explicarle, con superioridad moral, a esa nueva asistente qué era y cómo funcionaba la industria de la moda y por qué ella que creía no seguir los dictados de las pasarelas, los estaba aceptando sin saberlo al ponerse ese chaleco de color… ¿Azul clarito? No, querida, es cerúleo.
Basada en el libro de Lauren Weisberger, inspirándose en la redacción de Vogue USA y en Anna Wintour para el personaje de Miranda, El diablo viste de Prada fue un éxito no esperado para sus creadores hace dos décadas. Mirando hacia atrás parece mentira que no creyeran en ella desde los estudios o desde la propia industria de la moda, pero así fue incluso para los diseñadores. La mítica Patricia Field, que convirtió a Carrie Bradshaw en icono con looks imposibles, era la diseñadora de vestuario en la primera película y Molly Rogers, su amiga, que estuvo a su lado luchando por vestir a todos los personajes de la película, ahora, en El diablo viste de Prada 2, lleva las riendas de los armarios de los queridos personajes. En la primera fue difícil vestirlos. Tres diseñadores se negaron explícitamente a darles ropa pensando que iría mal para su imagen: Oscar de la Renta, Lanvin y Jean Paul Gaultier. Muchos otros simplemente pasaron. “Mr. Valentino fue el primero que dijo: ‘¿Cómo puedo ayudar?”, recuerda hoy Rogers.















