El partido de Puigdemont ha convertido el catalán en banderín de enganche para oponerse al decreto de regularización extraordinaria de inmigrantes

Con su pacto en Extremadura, PP y Vox han hecho saltar a la fama la prioridad nacional. Lo paradójico es que la propuesta forjada e impuesta por el partido de Abascal se ha materializado en una comunidad autónoma con un 4,1% de población inmigrante, muy por debajo del 14% global de España. Y ha logrado su objetivo: el PP se ha hecho con la presid...

encia de la Junta a costa de asumir sin pestañear el discurso de Vox. El fin justifica los medios. Si es preciso se cabalga sin complejos éticos a lomos de la ascendente arenga xenófoba.

En Cataluña hace años que cierto nacionalismo ultra trabaja en esa misma dirección, ya fuera desde la primigenia Plataforma per Catalunya o de sus posteriores encarnaciones en Vox y Aliança Catalana. Y ante el miedo al ascenso de los ultraderechistas a costa del patrimonio electoral propio, Junts per Catalunya ha hecho su particular banderín de enganche de la prioridad nacional, que tanto el PP como Vox manejan ya con tanta naturalidad y soltura como las majorettes veteranas el bastón de twirling. Cada formación le da su particular interpretación –españolidad, arraigo o conocimiento de la lengua– tras la que se enmascara el primario y electoralmente rentable rechazo al otro.