Jean-Marie Le Pen lanzó hace medio siglo un principio que importaron a España neonazis y xenófobos catalanes

El principio de “prioridad nacional”, introducido por Vox en el acuerdo para investir a María Guardiola como presidenta de Extremadura y aceptado por el PP, no es una invención del partido de Santiago Abascal, sino una seña de identidad de la extrema derecha europea que lanzó hace medio siglo el Frente Nacional francés. El primero en popularizarlo fue Jean-Marie Le Pen, padre de Marine, la líder ultraderechista que encabeza las encuestas para ocupar el Palacio del Elíseo tras las presidenciales de 2027.

En las legislativas de 1978, el Frente Nacional difundió un cartel en el que podía leerse: “¡Un millón de parados significa un millón de inmigrantes de más! ¡Francia y los franceses primero!”. El patriarca de la extrema derecha francesa culpaba así a los inmigrantes del fuerte aumento del desempleo que hacía estragos en su país. El cartel fue actualizado en sucesivas ocasiones, modificando la cifra de desempleados y elevándola hasta los tres millones en 1982.

En 1985, Jean-Yves Le Gallou, que inició su carrera política en el derechista Partido Republicano para pasarse luego al ultra Frente Nacional y acabar como compañero de filas del xenófobo Éric Zemmour, publicó La preferencia nacional. Respuesta a la inmigración, un libro que dotó de una base doctrinal al principio de discriminación de los no franceses. Marine Le Pen heredó esta bandera pero, como parte de un proceso de desdemonización de la extrema derecha francesa, que le llevó a cambiar el nombre del partido para rebautizarlo como Reagrupamiento Nacional, también optó por un cambio de lenguaje: en vez de hablar de “preferencia nacional”, que sugiere relegar a los no franceses, empezó a utilizar el término “prioridad nacional”, que da a entender un mejor trato a los franceses. En las elecciones presidenciales de 2022, Le Pen defendió el trato prioritario a los ciudadanos franceses en el acceso a la educación, al empleo y a la vivienda, mientras se exigía a los extranjeros cinco años de trabajo en Francia para acceder a las ayudas sociales.