María, Elizabet y Katherina son las únicas mujeres que escaparon de la comunidad menonita más antigua del país sudamericano. Hoy buscan alternativas para reconstruir sus vidas y piden ayuda judicial para recuperar a su hijos

“Es el último viaje. Te pido perdón, pero llevame rápido”, le susurró Elizabet Bueckert a su caballo alazán en el atardecer del 17 de enero pasado, mientras su carro avanzaba a toda velocidad por las calles de tierra de la colonia de menonitas ortodoxos La Nueva Esperanza, en la provincia de La Pampa, el corazón yermo de Argentina. Ese día, después de haber pasado horas refugiada con sus dos pequeñas hijas en un galpón para evitar la casa y los insultos de su marido, la mujer de 33 años decidió que había llegado el momento con el que había fantaseado tantas veces.

Sentó a las niñas María y Anna en el buggy, subió un bolso con ropa, un poco de dinero que había ahorrado discretamente y, con el celular que usaba a escondidas, le escribió a su amiga Katherina Neufeld para avisarle que se iba. Su marido la interceptó a la salida e intentó detenerla sosteniendo las riendas del caballo, pero el animal —ligero, un poco bravo como ella— respondió a su orden y se liberó con un movimiento brusco.