La ventana de Overton se ha abierto y la derecha institucional ha permitido que entren los postulados ultras

Se suceden los acuerdos entre PP y Vox en Extremadura y Aragón construidos sobre el marco conceptual de la ultraderecha que ya abiertamente asume la derecha institucional. Lo que hace unos años era vergonzante ha dejado de serlo y se interioriza con “naturalidad” ―en palabras de la presidenta Guardiola― o “para avanzar en la dirección correcta”, en expresión del presidente Azcón. ...

En los últimos días el énfasis se ha puesto en esa expresión heredera de la ultraderecha francesa de “prioridad nacional”, un eufemismo con dos palabras en positivo para nombrar sin hacerlo la desigualdad, el racismo y la xenofobia. La expresión, acuñada en los años 80 por Jean-Marie Le Pen, podría considerarse como el precedente en Europa del America First de Trump. No obstante, no es este el único marco que los populares han asumido de los ultras. Los postulados ambientales, el cuestionamiento de la fiscalidad o la llamada a la desregulación forman parte ya del acervo político de los gobiernos que pronto iniciarán su andadura.

Como si de una vacuna con la que contrarrestar los efectos perversos de estas ideas se tratara, el PP se ha apresurado a manifestar que no hará nada que contravenga las leyes. Que un partido que ha gobernado España, que lo sigue haciendo en numerosos ayuntamientos y comunidades autónomas, y que aspira a volver a La Moncloa tenga que aclarar esto, ya debería ser motivo suficiente de preocupación para sus líderes. Parece como si temieran que sus socios les arrastraran al camino de la ilegalidad o si supieran que un cumplimiento efectivo de lo pactado implicaría traspasar esos límites. Porque en efecto, una aplicación rigurosa y literal de lo firmado supondría saltarse a la torera no pocos preceptos legales. Algunos de ellos, constitucionales; otros, procedentes de la normativa europea.