El autor expone que la norma sentó las bases del sistema público universal en España, aunque dejó pendientes problemas estructurales que hoy reaparecen en el debate sobre conciertos y externalizaciones

A 40 años de la aprobación de la Ley General de Sanidad, no puedo dejar de recordar aquellas palabras de Francisco Sevilla, quien fuera consejero de Sanidad en Asturias, cuando afirmó que esta ley supuso un hito tan fundamental en la historia de la regulación sanitaria en España, que incluso aquellos que más lucharon para evitar su aprobación, la reivindican hoy en día. El paso de los años ha dado aún más razón al exconsejero, puesto que hay reformas que, por mejorables que sean, y ese es un debate que no pod...

emos omitir, establecen una ruptura legislativa tan evidente que oponerse frontalmente a ella no solo resulta difícil, sino insostenible.

Tal es el caso de esta reforma legal, que implicó abandonar un sistema de atención basado en la beneficencia, amplió la cobertura según el principio de ciudadanía y supone el inicio de la creación e integración de los sistemas de protección sanitaria con una financiación que se completaría en la Ley de Presupuestos Generales del Estado de 1999; cuando la financiación se realiza no a través de las cotizaciones sociales de personas aseguradas, sino a través de un mecanismo de solidaridad que son los impuestos generales.