La norma impulsada por Ernest Lluch universalizó la cobertura y la desligó del empleo. Creó un Sistema Nacional de Salud muy potente, pero con grietas
En los años ochenta, las consultas de los médicos de familia en muchos barrios funcionaban “como una carnicería”, recuerda Vicente Baos, facultativo ya jubilado. “Uno llegaba, cogía un número y esperaba su turno”. Era un modelo en el que la sanidad pública estaba vinculada al empleo y quien no lo tenía se le atendía por una suerte de beneficencia. Todo cambió con la Ley General de Sanidad, que entró en vigor el 25 de abril de 1986, hace exactamente 40 años. ...
Aquel país acababa de salir de la dictadura. Estaba rehaciendo sus instituciones y creando derechos y un Estado de bienestar. La norma impulsada por el socialista Ernest Lluch convirtió la asistencia sanitaria en un derecho vinculado a la ciudadanía, apostó por un sistema financiado con impuestos y situó la universalidad y la equidad como principios rectores.
“Fue uno de los grandes hitos sociales de la democracia”, resume Raquel Rodríguez Llanos, que entonces ya trabajaba como enfermera y hoy es vicepresidenta del Consejo General de Enfermería. “Pasamos de un modelo restrictivo a un sistema público, universal y centrado en las personas”.









