Asusta la impunidad con la que la frivolidad de los matones se asienta sobre una sociedad que ya no sanciona el racismo
En una interpelación digna de un repetidor de sexto de primaria, Santiago Abascal ha llamado Juanma Moruno al candidato popular a presidir la Junta de Andalucía. Hay que alabar la madurez del aludido, que no se ha dado por tal, a diferencia de su partido, que ha corrido a las faldas voxeras para demostrar que, a ellos, lo moruno no les gusta ni en pinchitos. De ahí los pactos en los que
s-de-la-iglesia.html" data-link-track-dtm="">cierran el grifo a Cáritas (aunque luego lo medio abran), que se hagan la picha un lío exigiendo no sé qué arraigos a los extranjeros y boicoteen el proceso de regularización en las administraciones que controlan.
Además de los insultos paranomásicos, el ambiente de patio de recreo se nota en la actitud abusona del machote que acosa al débil. PP y Vox se han coligado para darle una buena tunda a los más desgraciados y frágiles. Los quieren humillar, que sufran una ordalía administrativa, vagando de ventanilla en ventanilla, haciendo colas de madrugada, desorientándolos en los laberintos burocráticos que manejan. Los ayuntamientos del PP se han propuesto hacer de cada trámite un pequeño infierno: tal vez no puedan frenar la regularización, pero se la van a hacer sudar, recordando a los beneficiarios en cada paso que no son nadie. Porque pueden. Como el bruto de la clase que pega collejas al pringadete.






