Abascal intenta cerrar la brecha de género de su electorado con mensajes contra la inmigración. Los casos de acoso recrudecen la pugna por el apoyo de las mujeres, más indecisas que los hombres ante el 8-F
“¿Es Vox un PP verde?”, se lee en el lateral del autobús, en el que hay dibujada una cara compuesta por dos mitades, una de Santiago Abascal y otra de Alberto Núñez Feijóo, como si se fundieran en una sola persona. El vehículo, que ha circulado por Zaragoza durante la campaña electoral de Aragón, es una iniciativa del grupo cristiano integrista Hazte Oír, y la pregunta que pasea es toda una pulla: si Abascal y los suyos suelen acusar al PP de ser “el PSOE azul”, es decir, un sucedáneo de los socialistas, ahora la organización que preside Ignacio Arsuaga desliza la idea de que Vox es lo mismo en relación con el partido de Alberto Núñez Fejióo. El motivo de la acusación es lo que Hazte Oír considera una falta de compromiso de la candidatura de Alejandro Nolasco en la “defensa de la vida” y la “protección de la familia”, básicamente resultado de que Vox no haya dado prioridad durante la campaña al combate contra el aborto.
El motivo por el que Vox ha postergado este asunto es el mismo por el que, para ser investido presidente, no impuso en la Comunidad Valencia a Juan Francisco Pérez Llorca concesiones a su retórica negacionista sobre violencia de género, señala una fuente conocedora de la estrategia del partido de Abascal. Y ese motivo, añade, es la pretensión de no espantar el voto femenino para cerrar la brecha de apoyo entre hombres y mujeres, algo que ya han logrado otras extremas derechas más eficaces electoralmente como Hermanos de Italia y Agrupación Nacional en Francia.






