Vox, en ofensiva total contra su rival derechista, busca su ratificación como gran beneficiario del ciclo electoral abierto por el PP. El PSOE se expone a estrenar con un fiasco su estrategia de someter ministros a las urnas

Con el debate encarando la recta final, el candidato de Vox, Alejandro Nolasco, lanzó su enésimo pronóstico sombrío. Aragón, solemnizó, va camino de convertirse en “Aragonistán” por culpa de la inmigración importada por el bipartidismo. El mensaje provocó la reacción del presidente,

-confia-en-que-vox-debilite-al-pp-y-eso-es-malo-para-todos.html" rel="" data-link-track-dtm="">Jorge Azcón, que lo interrumpió con una discrepancia, ante la que Nolasco se revolvió. El encontronazo estaba servido. Tras un rifirrafe, el aspirante a la reelección por el PP dejó el momento de la noche.

—Señor Nolasco, de verdad, no se enfade, ¡que está siempre enfadado! —le soltó, girándose hacia quien había sido su vicepresidente hasta el verano de 2024.

Por el tono de Azcón, algo condescendiente, casi burlón, pero también por la reacción enrabietada de Nolasco, pareció el típico choque entre quien tiene todo tan controlado que se permite mostrarse sobrado y quien anda frustrado porque nada le sale a derechas. Pero no era así. En realidad, y he aquí la paradoja de la secuencia, de los ocho candidatos en el debate del lunes en Aragón TV, Nolasco es el que tiene menos motivos para estar enfadado pensando en lo que pueden depararle las elecciones de este domingo.