Viajar a una isla remota de calas idílicas y aguas cristalinas no es una fantasía: es una realidad en un rincón del Atlántico
Hay momentos que se convierten en los mejores recuerdos de un viaje. Así fue mi llegada a Pink Sands Beach, cuando comprobé que las playas de arena rosada no son un mito ni un truco de edición. Me acerqué a la orilla, me quité las gafas y tomé un puñado de arena para confirmar que, entre los granos dorados, destacaban algunos rosados. En ese instante, me sentí como quien descubre un tesoro. Levanté ...
la vista y lo entendí todo: estaba en un paraíso de aguas turquesas, oleaje suave y cielo despejado.
El fenómeno tiene una explicación microscópica. Los foraminíferos, organismos marinos que habitan en los corales, poseen conchas de tono rojizo. Cuando las olas los fragmentan, esos restos se mezclan con la arena blanca, creando una textura fina y un color que oscila entre rosa pálido y matices más intensos según la luz del día.
En distintas partes del mundo existen playas de arena rosa, pero en las Bahamas se encuentran algunas de las más icónicas, especialmente en Harbour Island y Eleuthera, dos de las islas que conforman este archipiélago del Atlántico. Con más de 700 islas y cerca de 2.400 cayos —aunque el turismo se concentra en 16 destinos principales—, las Bahamas son un edén caribeño que destaca por tener uno de los océanos más cristalinos del planeta y un mundo submarino rico en arrecifes de coral.






