Una costa tropical con playas de arena blancas, enclaves perfectos para el submarinismo y un interior selvático sorprendente, donde se asoman templos maya y poblados afrocaribeños
Encajada en un rincón entre México y Guatemala, Belice se asoma brevemente al Caribe y es mundo maya en estado puro. Tal vez sea el secreto mejor guardado de Centroamérica. Este pequeño p...
aís de influencia anglosajona pasa desapercibido, pero despliega una rareza de enorme potencial para convertirse en un buen destino de viaje: eclecticismo cultural e histórico, densas junglas y algunos de los mejores arrecifes del planeta. Con una pizca caribeña y otra latinoamericana, Belice conserva el legado de la colonización británica en el idioma y las tradiciones, pero a la vez es una mezcla orgullosa de criollos, mestizos, garífunas, mayas, menonitas y expatriados. Y su diversidad no solo es cultural, sino también natural.
En buena parte del interior apenas se encuentran turistas: todo parece a simple vista demasiado simple y auténtico, como los mercados de Orange Walk y San Ignacio, los rincones para observar aves en Crooked Tree, las playas de Placencia o la percusión garífuna en Hopkins.
A pesar de su tamaño (es el segundo país centroamericano más pequeño) y de una baja densidad de población, es posible vivir muchas experiencias dentro del arrecife de coral o de las selvas tropicales. En un solo día se puede atravesar por carretera el país de un extremo a otro descubriendo muchos atractivos por el camino. O recorrer en tubing uno de los sistemas de cuevas más extensos de la región. O visitar los templos mayas, que siguen siendo las construcciones más altas del país, disfrutar de las atractivas arenas de la costa sur. O descubrir la hospitalidad de los puestos de comida junto a la carretera... La conclusión del viajero siempre será la misma: Belice es distinto.








