La primera novela de Denis Johnson, escrita en unos años setenta precursores de la era Trump, refleja que la promesa de una salvación individual tropieza una y otra vez con la realidad de la perdición colectiva

Nada más que “una mujer que viaja a Pittsburgh en autocar, borracha, armando un alboroto totalmente inhabitual en ella”, pero también más cosas: Jamie Mays escapó de su marido en Oakland hace cuatro días, llevándose consigo a Miranda Sue y Baby Ellen, las dos niñas del matrimonio, y acaba de conocer en el autobús a Bill Houston, un antiguo marino que le ofrece una lata de cerveza en la que echa whisky de centeno. El autocar “los saca del montón de nubes que cubría el oeste de Ohio y los sume en una atmósfera de luz difusa donde algunos trechos de nieve vieja brillan intensamente en las sucias faldas de las colinas”. De este encuentro fortuito surgirán las siguientes cosas: estancias en motel...

es mugrientos en los que no hay futuro y el presente es prácticamente imperceptible de lo frágil que parece; una internación psiquiátrica; el asalto a un banco que saldrá irremediablemente mal; la muerte de un expolicía; tres condenas de distinta extensión; una estancia en el ‘corredor de la muerte’; un recurso de última hora desestimado un par de minutos antes de que alguien accione una llave de gas en el exterior de una habitación acristalada.