El país confía en capitalizar la guerra en Oriente Próximo y las sanciones contra Moscú para atraer a las grandes tecnológicas usando como incentivo sus bajos costes eléctricos

En Ekibastuz, una ciudad industrial del norte de Kazajistán conocida por su carbón, el Gobierno está apostando 30.000 millones de dólares a una idea poco explotada: que el futuro de la inteligencia artificial dependa tanto de la geología como del software. Allí, sobre un nodo energético he...

redado de la era soviética, el Ejecutivo actual quiere levantar un complejo capaz de escalar hasta un gigavatio de potencia computacional —una cifra que situaría el proyecto Data Center Valley en la liga de los grandes hubs globales de datos—. Su objetivo final es atraer desde mineros de criptomonedas hasta gigantes de la inteligencia artificial.

El momento no es casual. Mientras la guerra entre Estados Unidos e Irán fragmenta aún más el sistema internacional —afectando a rutas energéticas, flujos comerciales y de capital, o el suministro de insumos— y las infraestructuras tecnológicas empiezan a estar expuestas a riesgos geopolíticos, países ajenos a las grandes potencias como Kazajistán (que comparte frontera con China y Rusia, lo que lo convierte en un nodo logístico) están intentando rentabilizar ese desorden.