El portero elegido por Matarazzo para la final de Copa fue protagonista en la tanda de penaltis, donde detuvo dos lanzamientos
Como hace 39 años en aquella histórica final de Copa de La Romareda, la Real volvió a echar mano de la épica para hacer historia y conseguir un nuevo entorchado copero, el tercero de su historia, de acuerdo con las cuentas de la RFEF —el club cuenta cuatro: la primera sería aquella que ganó el Club Ciclista de San Sebastián, considerado el germen de la Real actual, el año 1909—. Si aquel 27 de junio fue Luis Arconada el héroe blanquiazul, este sábado en Sevilla lo fue otro portero, salido también de la cantera de la Real Sociedad, quien llevó al equipo blanquiazul a tocar el cielo con las manos. El héroe de la noche no fue otro que Unai Marrero. En esta ocasión también hubo que esperar al último lanzamiento para hacer bueno el trabajo del meta, el que guio a los suyos hacia la Copa.
La figura del Azpeitia se fue agigantando hasta convertirse en uno de los grandes nombres propios de este título copero de la Real Sociedad. Su historia en esta competición no es la de un actor secundario que aparece en el momento decisivo, sino la de un protagonista sostenido en el tiempo, respaldado desde el primer día por la firme convicción de Pellegrino Matarazzo.







