El meta belga, con otra gran actuación, y el uruguayo con un zambombazo y una asistencia a Rodrygo meten al Real Madrid en la final tras derrotar a un Atlético superior condenado por su falta de puntería

Primero Valverde y después Courtois engendraron que la final de esta Supercopa se decida el domingo con un clásico. Fue mejor el Atlético, que murió en el área de un Real Madrid menor, sin Mbappé, y con poco juego que ofrecer. Ganó a la italiana el equipo de Alonso y perdió un Atlético que sometió a ese Madrid más pragmático que bonito. Esa es la mejor lectura que se llevan Simeone y sus futbolistas. El resultado les negó la final, por falta de puntería, pero el juego fue suyo. La pegada fue del Madrid, escenificada en el zurriagazo de Valverde y en que Rodrygo de dos ocasiones metió una. El tiroteo al que sometió el Atlético al Madrid solo tuvo premio con un cabezazo de Sorloth.

El duelo había transitado en la previa por las decisiones a tomar por ambos entrenadores ante las ausencias que les condicionaban. En el caso de Alonso no había dudas de que el instinto y la brega de Gonzalo ocuparían el centro del ataque por la ausencia de Mbappé. Su encrucijada estaba en elegir al compañero de Asencio en el eje de la zaga. Con Huijsen recién recuperado de sus problemas musculares y con los antecedentes del calvario aéreo que padeció en el derbi liguero del Metropolitano, el puesto fue para Rüdiger, más cacique y más fiable a priori pese a los crónicos problemas de rodilla que le atormentan.