Jorge Dastis |
Tokio (EFE).- Con sus cifras de reclutas en mínimos históricos, sus actividades ampliamente restringidas y la expansión de nuevos grupos criminales que se organizan en internet, la Yakuza japonesa parece tener sus días contados.
«No están muertos, pero sí moribundos», asegura a EFE la socióloga Martina Baradel, profesora asociada en la Universidad de Nagoya que ha hecho del estudio de estas tradicionales familias criminales su carrera.
La Yakuza, que tiene sus orígenes en los grupos que gestionaban los negocios de apuestas en el Japón feudal, es conocida por ser una de las redes criminales más estrictas y jerarquizadas del mundo, pero en los últimos años ha perdido gran parte de protagonismo y, sobre todo, miembros.
Según las últimas cifras de las autoridades, publicadas a comienzos de abril, apenas 17.600 personas eran miembros de un grupo criminal organizado a finales de 2025, un mínimo histórico y muy lejos de las más de 180.000 registradas en la década de 1960, cuando se alcanzó el pico.







