Las fallas de la Fiscalía en resguardar el lugar donde cayó el líder criminal, los agujeros en el relato sobre la violencia posterior que dejó decenas de muertos y las dudas sobre el futuro del CJNG pintan el presente criminal en México

Una partida de ajedrez se juega estos días en el occidente mexicano, que aguarda expectante las formas del futuro criminal en la región. La caída de Nemesio Oseguera, alias El Mencho, hace ya un mes interpela el devenir del grupo delictivo que encabezó, el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), uno de los más poderosos del continente, con raíces en esa zona, sostenido en la capacidad de fuego de muchos de sus secundarios y los negocios que fueron capaces de levantar. Las dudas sobre el liderazgo del grupo y las consecuencias de una previsible sucesión comparten espacio estos días con los agujeros en el relato oficial acerca de la violencia en las horas posteriores a la caída del capo, y con las fallas de la Fiscalía en el resguardo de las cabañas donde militares dieron con el criminal.

Escurridizo, fantasmal, El Mencho, murió por heridas de bala en un helicóptero castrense, que trató de evacuarlo de los bosques de Jalisco, cerca de las cabañas donde pasó sus últimos días. Sorprendidos de madrugada por militares, El Mencho y sus huestes se enfrentaron a ellos con ferocidad en un operativo que dejó tres soldados y 11 criminales muertos. El Mencho murió en el traslado, situación que ha explicado el Gobierno varias veces estas semanas. Hay pocas dudas de dónde y cómo se dio ese enfrentamiento, el espacio donde ocurrió, el bosque cercano en que concluyó. De lo que no se sabe prácticamente nada es de la violencia posterior a la caída del capo, que dejó más de 60 muertos, entre ellos 25 guardias nacionales.