Las conversaciones directas en Washington, iniciadas sin objetivos claros, se deben orientar a lograr un cese inmediato de la violencia
En un panorama regional en Oriente Próximo en el que apenas se producen avances, el que por primera desde 1948 Israel y Líbano se hayan sentado a negociar directamente, en Washington y bajo los auspicios de Departamento de Estado de EE UU, es en sí mismo positivo. Sin embargo, que el diálogo se produzca mientras continúa la ofensiva militar israelí —con b...
ombardeos en gran parte de territorio libanés y un plan israelí para ocupar el sur del país y la expulsión de su población—, y que exista una clara disparidad de criterios sobre el objetivo mismo de la negociación, no solo le resta valor sino que la sitúa, lamentablemente, en el plano de una declaración de intenciones más que de un hito realmente efectivo.
Lo imperativo es que se produzca un alto el fuego inmediato en Líbano. Ese sería el primer paso evidente para dotar de credibilidad de intenciones a unas conversaciones que, hasta el momento, parecen responder más una jugada propagandística de la diplomacia estadounidense —que pretende de pronto actuar como un mediador en quien se puede confiar— impuesta como un mínimo peaje a un Benjamín Netanyahu acostumbrado a actuar con total carta blanca estadounidense en Oriente Próximo.













