En su primer diálogo directo de este siglo, Beirut reclama un cese inmediato de las hostilidades y tiempo para desmantelar a la milicia chií, mientras que Netanyahu insiste en mantener los bombardeos y abordar el reconocimiento de su país
Israel y Líbano mantienen este martes una reunión histórica en Washington cuya importancia ha quedado opacada por el pesimismo sobre su pronóstico y
riquecer-uranio-con-las-promesas-rotas-de-occidente-en-la-memoria.html" data-link-track-dtm="">el pulso entre Estados Unidos e Irán. Tal y como sucede entre esas dos potencias, que estos días mantienen negociaciones al más alto nivel desde la fundación de la República Islámica en 1979, el repunte bélico en la región también llega con el primer contacto diplomático de alto rango en décadas entre libaneses e israelíes. Aunque cada uno se sienta en la mesa con objetivos distintos, el desarme de la milicia libanesa Hezbolá y un posible cese al fuego temporal marcan el telón de fondo del diálogo, auspiciado por el Departamento de Estado de EE UU.
El acercamiento llega después de que Israel haya desacreditado, con el apoyo de la Administración de Donald Trump, la posición de Pakistán, principal mediador del alto el fuego entre Washington y Teherán. Pese a que Islamabad afirmó que la tregua incluía el conflicto entre el ejército israelí y Hezbolá, la Casa Blanca ha dado cobertura a la negativa del Gobierno de Benjamín Netanyahu de frenar los ataques en Líbano, pero lo ha forzado —como concesión a Teherán, sin imponer a su aliado que declare un alto el fuego— a aceptar unas negociaciones con Beirut que rechazaba desde hace semanas.













