Esta palabra ha adelantado de repente a la opción “piloto” en casi todos los periódicos españoles a la vez. ¿Por qué?

Muchos lectores se habrán sorprendido al observar días pasados la repentina revitalización del sustantivo “aviador” en casi todos los diarios españoles, a causa de las vicisitudes que sufrieron dos militares estadounidenses en Irán. Compruebo ese resurgimiento con búsquedas en bancos de datos, en periódicos digitales y a través de Google; y también verifico que, como sospechaba, hasta hac...

e poco sus apariciones en la prensa eran mínimas, incluso si se informaba de accidentes de aviones militares: jamás iba dentro un aviador.

El libro Palabras moribundas (Taurus, 2011), que firmamos la filóloga Pilar García Mouton y un columnista de ustedes, consideraba que ese término había entrado en desuso para las referencias actuales. Podía llamarse “aviador”, con cierta connotación romántica, a un piloto de la II Guerra Mundial, a un pionero de los aeroplanos, a los tipos intrépidos que se ponían gafas de mosca y vestían traje de cuero y gorro con orejeras. Pero nadie se habrá referido nunca así a un comandante de Iberia, aun siendo este técnica y lingüísticamente un aviador.

El corpus de la Academia documenta el primer uso de la palabra el 27 de diciembre de 1910, en dos noticias de un mismo diario, El Universal: “el aviador Loxsey” establecía el récord mundial en 3.474 metros de altura, y un incendio destruía el cobertizo de Douvres (Francia) donde “el aviador Graham White” tenía recogido su nuevo avión.