Los periodistas extranjeros no han podido entrar en Venezuela, pero este dato se suele omitir al darles paso

Quien presenta el informativo radiofónico de cada día ofrece el titular de la última noticia sobre Venezuela y dice a continuación el nombre del periodista que va a ampliarla, tras cuyo nombre y apellido añade la locución “enviado especial”.

Vale, “enviado especial”. Sí, pero ¿adónde?

He ahí una típica manipulación mediante el silencio, la técnica de mentir contando hechos verdaderos. Porque los oyentes se imaginan –mediante la aplicación de los contextos más habituales almacenados en su enciclopedia lingüística– que el enviado especial se encuentra en Caracas. Pero eso no es verdad. Sí que se trata de un enviado especial –he ahí el dato cierto–, puesto que ha sido desplazado especialmente para esa cobertura, pero no habla desde Venezuela. La inferencia que se obliga a practicar al inconsciente del público consigue transmitir una falsedad sin emitir ningún dato falso.

Venezuela ha denegado el acceso a los enviados españoles y de otras nacionalidades que deseaban entrar en el país para seguir de cerca los acontecimientos. Por tanto, la mayoría de los “enviados especiales” están informando desde Cúcuta (Colombia), y allí datan sus crónicas los periodistas de medios que cumplen unas normas éticas o un libro de estilo. Esa ciudad se halla junto a la linde entre los dos países; y desde ella los periodistas pueden conversar por teléfono con algunas autoridades, con testigos y fuentes, y en persona con quienes van y vienen por ese punto fronterizo, o con los refugiados que huyeron de su país, incluso con los demás compañeros que comparten ubicación. Pero no están dentro de Venezuela.