Las víctimas sospechan que la oleada de cartas de los terroristas es una maniobra de blanqueo

Los terroristas de ETA que aún quedan en prisión se han puesto a escribir cartas. Hay quien se ha sorprendido, pero no es tan raro. ETA siempre tuvo una relación muy cercana con el servicio postal. Para los que no se acuerden —en “el Estado español” somos expertos en desmemoria selectiva, según los int...

ereses de cada uno—, la organización terrorista vasca escribió y envió cartas desde sus inicios. Así, a grandes rasgos, las podríamos dividir en tres tipos. Las misivas que pedían amablemente dinero a empresarios o comerciantes so pena de pasar a mayores —a aquello se le llamaba aquí “impuesto revolucionario” y en otros países menos dados al eufemismo “extorsión”—; las que exigían al destinatario que se fuera de Euskadi en un par de semanas si no quería sorpresas; y las que directamente venían con la sorpresa dentro. Llegabas a casa del trabajo, abrías el buzón, rasgabas por despiste un sobre cualquiera y pum. Eso le pasó al periodista Gorka Landaburu el 15 de mayo de 2001 al llegar a su casa de Zarautz (Gipuzkoa). El resultado: graves heridas en el rostro y el abdomen y grandes destrozos en sus manos.