El estudio danés inaugura, en la isla japonesa de Sagishima, un cruce entre topografía y diseño nórdico-japonés

Este es un proyecto de contrastes. Una figura de la arquitectura mundial, el danés Bjarke Ingels con su estudio Big, ha optado por trabajar con paradojas: mezclar la conexión y la desconexión, la tradición y la vanguardia, la arquitectura vernácula y la tecnología punta. Busca redefinir el lujo contemporáneo como algo esencialmente remoto. Como si el obstáculo económico para acercarse al lujo debiera coincidir con la lejanía física de poder ubicarlo.

Así, una isla japonesa remota, Sagishima, en el mar de Seto, es el escenario de una intervención que, a lo lejano, suma lo escaso: sólo tres viviendas. Los arquitectos las describen como villas de vacaciones. Son lugares de paso, y, sin embargo, más paradojas, buscan fundirse con la orografía.

Una técnica constructiva tradicional, con tierra apisonada de las propias montañas, ilustra el ideario del nombre que resume a la compañía: Not a hotel. La pregunta que plantea un nombre así es ¿qué es entonces esta intervención? ¿Cómo puede la hostelería redefinir el lujo? ¿Exotismo? ¿Soledad? ¿Intimidad? ¿Qué intimidad se puede conseguir viviendo tras vidrios? ¿Cuánto cuesta mantener una relación real con la naturaleza? ¿Qué es lo que no se considera necesario para que las cosas funcionen mejor?