Quizá porque la vivienda era muy grande y necesitaba una renovación, o porque la parcela era extensa y se intuía que demandaba mucho trabajo, o porque el diseño de su planta irregular era un absoluto delirio geométrico, o tal vez por una combinación de todo ello. La cuestión es que, durante años, nadie se atrevía a comprar esta casa. Diogo D’Olivo (Curitiba, Brasil, 42 años) e Isabela Martins (Londrina, Brasil, 38 años) le tenían echado el ojo desde hacía tiempo. Vivían en un piso en la zona de Sant Antoni de Barcelona, pero con la llegada de su hija empezaron a pensar en marcharse de la ciudad. Para probar, se fueron a vivir a L’Ametlla del Vallès, donde se encontraba esta casa.
Ya habían visto que estaba a la venta, pero en ese momento no se atrevieron ni a visitarla. Tres años después de comprobar que la vida fuera de la ciudad les funcionaba, la casa seguía a la venta. Fueron a verla. Les llamaba la atención su insólito diseño geométrico y sus referencias a las viviendas de veraneo de la arquitectura catalana del siglo XX. Descubrieron que, de hecho, había sido la casa de vacaciones de una familia numerosa. “Cuando vinimos a verla, nos dio una sensación muy buena. Había muchas fotos de la familia y un montón de libros por todas partes… Se notaba que habían sido muy felices aquí”, recuerda Isabela. “Era muy grande y tenía un diseño geométrico. Había que ser muy valiente para comprar una casa así. Pensamos que probablemente había pertenecido a unos artistas, que, además, debían entender de diseño pues había muchas piezas de Miguel Milá”. Terminaron haciendo una oferta y, para su sorpresa, se la aceptaron.






