Los arquitectos Emiliano López y Mónica Rivera apuestan por una idea del tiempo amplia: la que actualiza las tradiciones en lugar de oponerlas

Esta vivienda en El Port de la Selva (Girona) tiene un nombre descriptivo, la Casa Sobrevent está pensada para proteger a sus inquilinos de lo incómodo, la Tramontana, el fuerte viento del norte, y, a la vez, para conducirles hacia lo mejor del lugar: las vistas sobre la bahía.

Así, la vivienda es a la vez cobijo y pedestal. Y para hacer convivir esos contrarios despliega dos escaleras, una central y otra exterior, que conectan los espacios y multiplican los recorridos. La escalera exterior asciende desde el porche hasta la cubierta para acercarse a las vistas náuticas. Allí, una pérgola, confiada a plantas trepadoras de hoja caduca, coronará la casa, la naturalizará, la camuflará y protegerá así el disfrute de los habitantes del exceso de sol.

La escalera interior, en cambio, continúa el suelo —y la chimenea— de terracota. Tiene un carácter recogido y sin embargo escultórico. Es la única curva en una vivienda loosiana de geometría pura en un volumen compacto que habla a la vez de modernidad y de tradición. ¿Cómo lo hace? Entendiendo que no son conceptos contrapuestos.