La tendencia de los jardines bento aplica las reglas de las típicas tarteras niponas al paisajismo para espacios reducidos. Elegir una temática y jugar con las tres dimensiones asegura cierto efecto de vergel, aunque sea en miniatura
Hay muchas fórmulas para democratizar ese privilegio que supone tener un jardín en casa: la naturalización de patios de luces y azoteas,
referrer" title="https://elpais.com/estilo-de-vida/2024-03-31/flores-al-balcon-unos-consejos-para-impregnar-las-calles-de-bellos-y-pequenos-jardines-botanicos.html" data-link-track-dtm=""> los huertos de balcón o los llamados jardines de bolsillo que cubren de verdor medianeras, terrazas-pasillo, alféizares, callejones entre edificios y otros espacios diminutos donde, en principio, cuesta imaginar vida verde.
Ya en la década de los cincuenta, el arquitecto alemán Paulhans Peters acuñaba el término blumenfenster o “ventanas para flores”, una solución muy habitual en la arquitectura doméstica de Europa central que permite integrar la naturaleza en los interiores, aunque sea en su mínima expresión. Estos pequeños espacios “conectan la casa con el hedonismo, el juego, la cultura e incluso la terapia”, afirma Xavier Monteys, catedrático de la Universidad Politécnica de Catalunya y profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, en el libro La casa como jardín (Ed. Gustavo Gili, 2021). Las mismas virtudes, más allá de lo pragmático, que un vergel de varios cientos de metros cuadrados, aunque a pequeña escala.






