Convivimos con una nueva forma de totalitarismo más insidioso y escurridizo, escribe en ‘Tecnofascismo’ la filósofa italiana Donatella Di Cesare, del que ‘Ideas’ adelanta un extracto. Denuncia que redes transnacionales sofisticadas gobiernan sin necesidad de aparatos estatales

De acuerdo con el relato acerca del nuevo choque de civilizaciones que se viene promoviendo en los últimos tiempos, las democracias están siendo víctimas de un violento ataque. Igual que en el modelo anterior, en el que se confrontaban dos bloques monolíticos (Occidente y el Islam), una profunda brecha vuelve a dividir el mundo en dos bandos: los países democráticos y los regímenes autocráticos. Así pues, aquí no estaríamos hablando ni de una rivalidad en lo geopolít...

ico ni de una competencia en lo económico, sino de la “civilización”. El enfrentamiento adquiere dimensiones temporales indeterminadas y contornos espaciales cósmicos: a un lado, el Bien; al otro, el Mal.

Los teóricos de este nuevo choque consideran que todo esfuerzo por exportar la democracia occidental, como se intentó llevar a cabo en el pasado, es en vano. Lo que hay que hacer, más bien, es prepararse para defenderla con las armas. Dentro de esta categoría entrarían los autócratas, herederos e imitadores de los regímenes totalitarios —desde Hitler hasta Stalin—, los únicos y verdaderos culpables de la crisis que atenaza a la democracia. La madre de todas las autocracias sería la Rusia de Putin, pero el área afectada se extiende desde China hasta Venezuela y abarca unos treinta Estados canallas. En cambio, se hace la vista gorda ante esos regímenes híbridos que, desde Turquía hasta Hungría, se engloban en el bloque occidental. De una manera más o menos tácita, se transmite la idea de que todo depende de una ofensiva externa.