Los oligarcas de Silicon Valley están manipulando nuestra atención y abriendo paso en sus redes al autoritarismo populista de Trump y de la ultraderecha europea. ¿Qué se puede hacer desde el progresismo para frenar esta dictadura tecnológica y superar la dependencia de Estados Unidos?
Estamos ante un tecnofeudalismo que ha acelerado las políticas neoliberales de los últimos 50 años: nuestros empleos corren el riesgo de precarizarse aún más por culpa de la economía de plataformas, y eso si sobreviven al asalto de la inteligencia artificial. Las redes sociales, antes vistas como herramientas al servicio...
de la libertad, ahora se perciben como una amenaza para la democracia. Y los dueños de las grandes empresas tecnológicas, como Elon Musk y Peter Thiel, apoyan el autoritarismo populista de Donald Trump y de la ultraderecha europea.
Se trata de un proceso que lleva un par de décadas gestándose, pero que aun así nos ha pillado por sorpresa a todos. Especialmente a la izquierda. Normal: la derecha ve en las redes una herramienta y en los oligarcas a unos aliados, pero la izquierda ha pasado del entusiasmo por las posibilidades democratizadoras de esos instrumentos a una decepción, sobre todo, por su manipulación algorítmica. ¿Qué hacer ante este panorama? La respuesta desde la izquierda (y no solo desde la izquierda) al avance del tecnopopulismo pasa por tres ejes relacionados: una reivindicación de la democracia frente al poder de las grandes empresas, una defensa de los trabajadores frente a la precarización y una apuesta por la soberanía tecnológica frente a la dependencia de Estados Unidos.






