Un acto simbólico reconoce como miembros de pleno derecho a las jugadoras que disputaron el primer partido internacional en 1982 sin permiso para llevar el gallo en la camiseta

El rugby francés ha tratado de enmendar este sábado el agravio con el que tuvieron que lidiar las pioneras de su selección, forzadas a abrirse paso en 1982 sin ser miembros de pleno derecho por parte de su federación y del país. Las mujeres que jugaron ante Países Bajos el considerado oficiosamente como primer partido internacional del rugby femenino no pudieron vestir con...

el gallo, el icono presente en todos los equipos nacionales del país durante más de un siglo. Quién iba a decir a aquellas jugadoras que persistieron en su odisea casi de tapadillo que un día verían a su selección jugar ante casi 20.000 espectadores en el Stade des Alpes de Grenoble, con pocos asientos libres, y que las caras de la generación actual darían para cartulinas que muestran con orgullo los espectadores. El estreno del Seis Naciones de las Bleus ante Italia no solo dio la victoria previsible a las anfitrionas, sino que sirvió para homenajear aquella generación vetusta. Dos grupos separados por más de cuatro décadas cantando juntos La Marsellesa y la equipación ochentera con el gallo. Enfundadas en la grada con el chándal, tomaron su asiento en la historia. Mejor tarde que nunca.