La escocesa ha marcado un hito en el deporte mundial al ser la primera mujer que dirige un duelo del Seis Naciones masculino, transformando los improperios de sus inicios en reconocimiento

Hollie Davidson desterró unos cuantos imposibles cuando salió el sábado 14 de febrero por el mítico túnel de vestuarios de Lansdowne Road en Dublín junto a las selecciones de Irlanda e Italia como directora de orquesta de una tarde del Seis Naciones. Han tenido que pasar 143 ediciones en el torneo de rugby más antiguo del mundo para ver a una árbitra principal, el premio a una trayector...

ia solitaria que empezó en 2015 con los improperios previsibles. Su actitud de pionera ha permitido a esta escocesa quemar etapas y llegar a una edad precoz, 33 años, a la primera línea mundial. Consolidada ya, más allá de su género, como uno de los principales colegiados del rugby, esgrime un currículo de pedigrí en los partidos más relevantes del panorama masculino y no esconde su doble objetivo: no solo pitar en el Mundial de 2027 en Australia, sino hacerlo en la gran final. Es su forma de conquistar un deporte a partir del silbato.

Una carrera que empezó de forma accidental tras transitar su juventud como jugadora en la región de Aberdeenshire, al noreste de Escocia. Recibió a los 19 años la llamada de la selección absoluta, pero se lesionó la semana anterior y no pudo debutar. No fue su único percance, así que decidió colgar las botas y dedicar sus esfuerzos a otra cosa. Un historial que definió como “bendición disfrazada” en su entrada el año pasado en el Salón de la Fama del rugby escocés, un selecto grupo con 35 nombres en 150 años. Sólo hay otro árbitro, Jim Fleming, junto a leyendas como David Sole, el capitán del equipo que logró en 1990 el Grand Slam —ganar todos los partidos— de un país que no gana el título desde el último Cinco Naciones, en 1999. En cuarto de siglo de sequía, sin pasar tampoco de cuartos de final en ningún Mundial, podría sostenerse que Davidson es su mayor triunfo global.