El fin de semana inaugural del Mundial de rugby femenino que se disputa desde el viernes 22 en Inglaterra ha puesto en evidencia un abismo en las velocidades de desarrollo de las 16 selecciones participantes. Ocho partidos diputados para una media de 47 puntos de diferencia. Partidos resueltos en la primera parte o en el inicio de la segunda, como ocurrió en el Francia -Italia (24-0), el resultado más apretado. Una falta de suspense que no ayuda al objetivo prioritario de la cita: vender el deporte a nivel global. Los organizadores ven por el momento la botella medio llena y ponen en valor el espectáculo de los equipos más prolíficos como una forma de asegurar audiencia, tanto en los estadios como en la televisión. Las dos jornadas restantes de la fase de grupos –y, sobre todo, los cruces, a partir de cuartos– pondrán a prueba si ver muchos ensayos es incentivo suficiente para quedarse hasta el minuto 80.

La victoria de Inglaterra ante Estados Unidos (69-7) en Sunderland fue premonitoria de lo que vendría después. En el primer partido del sábado, Australia subió la apuesta ganando por 73-0 a Samoa, que recibió cierta piedad en el segundo tiempo, pues el promedio anotador de los primeros minutos apuntaba más allá del centenar. En el encuentro que se presumía más competido, Gales aguantó media hora el tú a tú contra Escocia en su duelo por el segundo billete del grupo para cuartos, pero claudicó tras el descanso para una derrota clara: 38-8. Mientras, Canadá, la favorita para encabezar esa clasificación, le endosó un 65-7 a Fiji. Incluso el duelo más competido en cuanto a números, la victoria de Francia ante Italia, fue un monólogo ofensivo de las galas, terceras en la edición de 2022, ante un rival sin capacidad para quitar el cero de su marcador. La diferencia entre Irlanda y Japón fue algo mayor (42-14), pero las niponas fueron en la práctica más peleonas. La lista la completan la paliza de Sudáfrica ante la debutante Brasil (66-6) y la de Nueva Zelanda ante España (54-8).