El tiempo está cumplido en el debut de España en el Mundial de Inglaterra y las Leonas percuten con su orgullo para conquistar los cinco metros que separan el balón de la zona de ensayo. Enfrente, el mito: las Black Ferns, las hexacampeonas neozelandesas. Cuando Inés Antolínez posa sobre la línea, se desata una euforia impropia de un equipo que ha perdido 54-8 ante el rostro mustio de las oceánicas, que no querían ni una mácula en la hoja de servicios. Un ensayo que vale un mundo –el primero en la historia del rugby español ante el gran coco planetario en tres partidos– y que premia el incordio que supusieron las españolas, sacando las uñas una y otra vez en defensa contra el dominio territorial de rigor. Cumplieron la máxima de su capitana, Bimba, y fueron incansables. Una tarde que premia ocho años de trabajo y que no olvidarán las 23 protagonistas. Sudaron cada gota ante lo imposible.

El York Community Stadium, conquistado por la afición española, enmudeció para presenciar cómo las Black Ferns, esta vez de blanco, representaban la haka. La imponente voz de Vici-Rose Green dirigía esa gestualidad total coordinada, desde la mirada al último músculo, para dar vida a la Ko Uhia Mai, escrita para el combinado nacional: un minuto y medio para evocar su narrativa, mujeres unidas por una fuerza común. Las españolas respondieron al momento abrazadas en fila, un mensaje menos combativo que otras selecciones, tanto masculinas como femeninas, que han optado por replicar a la danza avanzando hacia el adversario.