Inglaterra estaba contra las cuerdas. No solo necesitaba una victoria. Necesitaba, más allá de recuperar su fútbol, cambiar su actitud. Y lo logró. Frente a Países Bajos resolvió sus problemas de salida de balón, de presión y de vulnerabilidad. Se encontró consigo misma, conectando mejor y con mayor fluidez, liderada por una Keira Walsh que movió al equipo. Las neerlandesas poco pudieron hacer: desaparecidas, sin soluciones ante la asfixia inglesa, acabaron cediendo ante una avalancha en la que Inglaterra no se detuvo hasta su cuarto gol. Inglaterra despertó a tiempo, cambió la actitud y reencontró el fútbol, imponiéndose con autoridad y dominio, mostrando una versión más cercana a la campeona que fue.

El duelo era entre grandes conocidos, y decidía el futuro de las dos últimas campeonas de la Eurocopa. Ambas selecciones lo lograron con la misma seleccionadora: Sarina Wiegman. La técnica holandesa, hoy al frente de Inglaterra, necesitaba ganar tras una irreconocible actuación ante Francia para seguir dependiendo de sí misma para pasar de fase. Países Bajos, por su parte, llegaba con la opción de soñar con los cuartos con una victoria. Ambas selecciones introdujeron tan solo un cambio en su once inicial: Inglaterra dio entrada a Ella Toone en el centro del campo, adelantó a Lauren James a la banda derecha y dejó en el banquillo a la goleadora Beth Mead, mientras que Países Bajos recolocó a Victoria Pelova en el centro y alineó a Chasity Grant en lugar de una futbolista pilar como Daniëlle van de Donk.