España disputaba la tercera final en su historia y las dos anteriores las había resuelto en el tiempo reglamentado. La primera frente a Inglaterra la ganó con un gol de Olga Carmona en el minuto 29: un potente zurdazo desde el vértice del área que batió a Mary Earps y proclamó a España campeona del mundo. La segunda fue la de la Nations, en la que la selección española se paseó ante Francia y ganó por 2-0 sobre el césped de La Cartuja. Aitana Bonmatí y Mariona Caldentey marcaron los goles.

Ante Inglaterra, España experimentó algo nuevo: una tanda de penaltis a la que nunca quería haber llegado. La selección femenina fue superior a las jugadoras inglesas durante los 120 minutos que duró el partido, pero tuvo que confiarle su suerte al punto de cal y salió cruz. “Hemos dominado el partido. Creo que nosotras hemos tenido las ocasiones más claras. Hemos encajado un gol que, para mí, era evitable. Ellas estaban cómodas llegando a los penaltis. No hemos estado como creíamos que íbamos a estar”, confesaba Irene Paredes al final del partido. Más tarde, en la zona mixta del estadio, añadía: “Ha habido pérdidas de tiempo, portera al suelo, jugadoras al suelo. Mientras le dejen hacer eso, forma parte del juego y ellas tenían claro a lo que querían jugar […] Para ser un equipo campeón en un torneo así hay que tener algo de suerte y ellas han tenido bastantes balas de suerte. Nosotras, a la hora de los penaltis, sabemos hacerlo mejor”.