Tras vencer a Alemania y clasificarse para la final de la Eurocopa —ambas por primera vez en su historia—, Irene Paredes aparecía radiante en la zona mixta del estadio Letzigrund. “¡Vamos! Qué silencio…”, jaleaba a los periodistas, con una sonrisa enorme en la cara, que esperaban sus declaraciones. La central de España firmó un gran partido y reafirmaba su confianza en el equipo: “Este equipo quiere ganar siempre”.
Las protagonistas de una noche mágica se iban sucediendo en la zona mixta del estadio suizo. Cata Coll apareció detrás de ella. La portera del Barcelona, que comenzó la Eurocopa en el banquillo por una amigdalitis —llegó a acudir al hospital tras el debut de España en Berna— se convirtió en una de las heroínas del partido. Al borde del final de la segunda parte de la prórroga, la guardameta mallorquina se sacó de la chistera, por tercera vez en las semifinales, una parada salvadora. Ya lo había hecho durante el partido. Sin embargo, Cata Coll quiso restarse mérito y destacó el aspecto colectivo por encima del individual: “El equipo ha hecho un partido muy maduro. Hemos sabido sufrir. Tenía dentro que íbamos a ganar. Cuando ha marcado Aitana ha sido como un gol de rabia”. Además, la portera mallorquina pareció sacarse una espinita que llevaba dentro desde el verano pasado. Se sintió en su respuesta a la pregunta sobre cómo sabía el pase a la final de la Eurocopa. La guardameta del combinado nacional se acordó de los Juegos Olímpicos. España se quedó sin medalla —perdió contra Alemania, precisamente, en la lucha por el bronce—y dio la sensación de ser un equipo sin alma. “Creo que la vida nos ha dado una segunda oportunidad y la hemos aprovechado. Teníamos entre ceja y ceja que íbamos a ganar este partido”, reflexionaba.










