Pekín confía en que su apuesta como referente de estabilidad se vea reforzadq por los errores de la operación bélica en Irán

El historiador Adam Tooze es un tipo alto, una torre occidental que destaca sobre la nube de periodistas chinos que lo acribillan a preguntas: ...

-¡Señor Tooze! Trump tiene previsto venir a China en mayo. ¿Qué espera de las relaciones sinoestadounidenses?

Es un lunes de finales de marzo y en breve el intelectual británico dará una conferencia en el Foro de Desarrollo de China. El evento reúne en Pekín a empresarios, directivos, académicos y políticos de todo el globo para debatir ideas y hablar de negocios e inversiones. Por el centro de convenciones pululan desde el último premio Nobel de Economía, Peter Howitt, a Simon Trott, consejero delegado de Rio Tinto, una de las mayores empresas mineras del mundo. Mientras, el presidente estadounidense, Donald Trump, se encuentra metido de lleno en su campaña bélica en Irán.

De modo que Tooze opta por arrancar su charla de forma provocadora: “Vivimos un momento extraordinario lleno de contrastes”. El escenario, explica, se le ha hecho evidente por las preguntas incesantes de los reporteros locales: por un lado, le pedían explicar qué demonios está haciendo Estados Unidos; acto seguido le reclamaban su opinión sobre el XV Plan Quinquenal chino, la hoja de ruta para el próximo lustro, aprobada el mes pasado. Bombas, caos, amenazas, disrupción y volatilidad frente a un esquema ordenado de planificación política y económica. “Ese contraste, señoras y señores, es uno del que creo que ya no podemos escapar”.