El exministro tiene en este juicio una particular forma de expresar disgusto, enfado y desacuerdo: se ríe

De los tres acusados, el más famoso de todos, el que acumuló más poder y más influencia, el exministro y ex número tres del PSOE José Luis Ábalos, es el más contenido en el banquillo de los acusados. Depresión, ansiedad, hipertensión, diabetes y lumbalgias, según los informes médicos que presentó al Supremo para evitar ir a la vista previa del juicio que se celebra estos días. Es compatible su delgadez con esos males.

Ábalos acude al Supremo cada mañana con un traje azul, bien peinado, y permanece quieto, casi tieso, en su asiento en el banquillo. De vez en cuando atiende a Koldo García, su exsubalterno, y otras veces se inclina hacia adelante para decirle algo a su abogado (el tercero que tiene, con el que ha llegado al juicio), Marino Turiel. Tiene una particular forma de expresar disgusto, enfado, desacuerdo: se ríe. A veces ostentosamente. Se rio con algunas de las declaraciones de Jéssica Rodríguez, su expareja, de la que había negado siempre, con mucho énfasis, que se dedicase a la prostitución, para luego acabar preguntándoselo delante de toda España a través de su letrado.