Hay un testigo nervioso que dice que alguna vez ha saludado a Ábalos y recrea con la mano el saludo que le hacía. La cara de Ábalos en el banquillo es un poema
Cada vez que un testigo llega a su asiento, el presidente del tribunal, Andrés Martínez Arrieta, le pregunta: “¿Conoce usted a los acusados?”. Y el testigo les echa una mirada como si fuese una rueda de reconocimiento (“a ver, usted, levántese y dese la vuelta”). “Les conozco de la tele”, dijo uno la semana pasada. Varios afirman que sí, otros aclaran la relación con cada uno. Juan Ignacio Díaz Bidart, exjefe de gabinete de Industria, es uno de estos últimos. Se presenta con un traje azul, se sienta frente al tribunal y automáticamente escudriña a los tres acusados. “Conozco a Koldo”, dice con seguridad. “A Aldama no, y a Ábalos lo he saludado alguna vez”. Y cuando dice lo de Ábalos, levanta...
la mano para recrear cómo lo saludaba. Así lo saludaba, levantando un poco la mano. Es el momento más loco del juicio. Ese testigo nervioso que, en aras de la transparencia, dice que alguna vez ha saludado a Ábalos y recrea el saludo que le hacía, en plan a distancia. Ábalos lo mira desde el banquillo alucinado.
—A ver, ¿cómo ha hecho? —el presidente del tribunal se inclina hacia delante, verdaderamente interesado.







