El español (doble 6-4 a Vacherot) y el italiano (6-1 y 6-4 a Zverev) se jugarán este domingo el título, con el trono en juego y cinco meses después del último pulso

Ahí está el tenista que sube una y otra vez la piedra por la montaña, erre que erre, intentándolo una y otra vez. Pero de nuevo agua. Alexander Sísifo Zverev se estrella por octava vez consecutiva contra la dimensión creciente de Jannik Sinner (6-1 y 6-4, en 1h 22m) y luego, ya entrada la tarde, a Valentin Vacherot no le basta con el aliento de los suyos. Muy meritorio lo del monegasco, sin rastro alguno de él hasta hace medio año, pero para superar un reto así, de tanta envergadura como el que le proponía Carlos Alcaraz, hace falta más (doble 6-4, tras 1h 24m). Palmas para él y premio para el murciano, luego el aficionado ya tiene lo que llevaba esperando desde noviembre, cinco meses ya. Una pequeña eternidad. Los dos colosos se reúnen otra vez.

Gran final en Montecarlo, donde convergen (15.00, Movistar+) dos fuerzas imparables, tan poderosas, irresistibles; seductora una (fantasía) y también la otra (demoledora). Magnífico entrante para esta gira de tierra batida en la que uno y otro contraponen y miden su grado de evolución, esa mejora constante y sin fin, porque por mucho que en apariencia todo parezca similar, de aquel cruce turinés del 16 noviembre hasta aquí las cosas han cambiado. Y mucho. Alcaraz compite cada vez con más poso y en febrero redondeó el Grand Slam, los cuatro grandes ya en el bolsillo; Sinner, mientras, ensaya sin parar en ese laboratorio interno a la búsqueda de nuevas herramientas, de mayor creatividad. Uno y otro mirándose siempre de reojo.